Recuperar el alma de niño

«Dejad que los niños se acerquen a mi: no se lo impidáis; de los que son como ellos es el reino de Dios.»

Me llamo Camila, tengo 31 años, estoy casada y tenemos cuatro hijos, los cuatro son chicos. Siempre me ha llamado la atención esas palabras del Señor Jesús: «de los que son como los niños es el reino de Dios.» Pero nunca he podido entender «ser como los niños «.Soy brasileña, nací y viví en Brasil hasta que me casé con Daniel, mi marido.En Brasil tuve una infancia muy dura, éramos 8 hermanos, mi madre tuvo que sacarnos adelante sola, soy la cuarta. Tenía que ayudar a mi madre con mis hermanos más pequeños, tuve madurar muy pronto, me hice «adulta» antes de tiempo.Sinceramente no entraba en mí cabeza como sería ser como los niños, tenía que madurar, no tenía ilusiones que una niña normal tenía (reyes magos, ratón Pérez etc.), y no tenía ni idea de cómo llegaría a ser niña otra vez, pero siempre quise volver a ser como niña, entonces he dicho al Señor: «Pues tienes que hacer un gran milagro y transformar mi duro corazón en corazón de niño otra vez porque no sé cómo hacerlo, sólo sé que es lo que quiero. «Entonces el Señor me ha regalado el mejor hombre, mejor marido y cómo no el mejor padre para mis hijos. Con mi marido Daniel el Señor me ha demostrado su amor conmigo, hemos podido vivir un noviazgo en santidad, he visto que el amor y el respeto existen de verdad, me ha regalado un matrimonio cristiano, y nos ha regalado unos hijos estupendos,  con una pureza y sencillez que siempre he soñado. Nunca me imaginé que desde la maternidad, donde se supone que una tiene que ser madura, adulta, responsable podría llegar a entender lo de «ser como los niños».Cuando uno de los niños nos pide algo pide y ya está, no se queda pensando en si se lo daremos o no, confían en que lo tendrá y si reciben un no siguen con sus cosas. Me sorprende bastante la espiritualidad y confianza con que hacen sus oraciones, sin miedo a pedir, acordándose siempre de los que piden oración, y con la seguridad de que lo que piden se los dará el Señor, saben que en la oración hay que ser paciente y perseverante. Fue en esa etapa tan especial que conocí a la nueva advocación Reina de la Infancia Espiritual. Que, como todo, al principio no comprendía muy bien. Pero cada dia, mirando y observando la sabiduría de los niños he podido comprender el evangelio y la nueva advocación. Todas las mañanas al llevar los niños al colegio dejamos primero al mayor en primaria y luego cruzamos todo el colegio para llegar a infantil, entran a la misma hora,  entonces siempre vamos con un poco de prisa. Por el camino que pasamos para ir a infantil hay una virgen y en un día con lluvia Saúl, de 4 años, se detiene y dice: «mira mamá la virgen voy a decirla una cosa» se queda un ratito con la virgen la tira besos y otra vez retomamos el camino, y ese acto pasa a ser parte de nuestra rutina. Me acuerdo cuando el año pasado falleció mi cuñado en Brasil. Fue un duro golpe a la familia, sobretodo a mi hermana que, con 33 años y 3 de casada, se quedaba viuda. Yo intentaba explicar a los niños que la tía Roberta estaría triste por un tiempo y me preguntaban porque ella estaba triste,  y yo llena de mi sabiduría de adulta les expliqué que cuando alguien se muere ya no veremos a esa persona y estamos tristes un tiempo. Y Gabriel, el mayor, con sus 6 años, y lleno de una auténtica sabiduría salta: «pero mamá ¿cómo no nos veremos? Claro que nos veremos ¡en el cielo mamá!» Claro, tiene toda la razón. He descubierto que se trata de eso, tener el alma de un niño se basa en vivir en ese mundo, que nos pasa la factura por el simple hecho de respirar, con sencillez, vivir cada segundo segundo sin pensar que lo más importante es ser puntual, sino que dedicar unos segundos que sea para hablar con nuestro Señor, dedicar unos besitos a la Virgen, que siempre nos cubre con su manto, sin pensar en que la muerte es el fin, cuando existe el Reino de los Cielos esperandonos.Para finalizar me he dado cuenta de que muchas veces los niños necesitan la ayuda o intercesión de la madre para llegar al padre. Y es exactamente esa maternidad intercesora que tengo vivido con María, la Reina de la Infancia Espiritual. 

Camila (Madrid)

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