Dejen que los niños vengan a Mí.

“En estas horas de angustias ante la persecución del alma de los niños y
de ansias porque conozcan y amen a Jesús, yo quisiera que por los
Catequistas, Maestros y educadores cristianos y de modo singular por los padres y madres de familia se leyeran muy despacio y se meditaran estas líneas en las que he tratado de condensar lo que sobre este tema me ha
enseñado mi experiencia de Catequista y de director de almas.Jesús, que en el Evangelio es el Autor y el Maestro Soberano de palabra y de obra
del Catecismo, en la Eucaristía además es el Modelo perfecto y la Fuerza 
para cumplirlo.
La misión educadora de los padres y maestros cristianos se reduce en
realidad a poner a sus niños tan cerca de Jesús, que aprendan de Él, en el Evangelio y en el Sagrario, todo el Catecismo, no ya de memoria, sino de
entendimiento, voluntad e imitación.¡Ah! y que se hable en todas las
formas a los niños de Jesús, que, con que sólo lo vean en una estampa o
imagen, o en el Sagrario, ya sepan lo que les dice. Que los niños sepan a
Jesús vivo: eso es todo.
El educador que consiga que sus niños desde que casi nacen, no sólo
conozcan, sino que traten y quieran (según su modo), y se sepan a Jesús,
serán los de verdad educadores y formadores cristianos, de vida, carácter y conciencia de cristianos.
Quizás tenga tan poco arraigo la instrucción que se da del Catecismo, aún por los buenos maestros porque se da más letra que espíritu, más lecciones de memoria que ejemplos vivos, más libro de Jesús que Jesús de libro.
Jesús debe tener tal atractivo y tan gran influencia sobre los niños, y
deben sentir éstos tal inclinación hacia Él que en su Evangelio no manda 
jamás que vayan los niños a Él, ni que se los llevemos, sino que los
dejemos ir, no los impidamos ir a Él.
Forma esto contraste con su conducta con la gente mayor, los cargados,
los pecadores, los candidatos para apóstoles, etc., a los que manda:
“Venite… veni… sequere me.”Sin duda el niño por su pureza e inocencia y, si está bautizado, por la Gracia que tiene, pone tan pocos obstáculos a
unirse con Jesús, que no hace falta mandato, sino que basta que no les
impidan ir a ver, oír y tratar a Jesús, es decir, que, con que se vean, se ponen en inteligencia y en relación de cariño el Jesús del Evangelio y de la
Eucaristía y el Jesús chiquito de la Gracia habitual del alma del niño.
Éste, mejor que nadie, que aun el sabio y el teólogo, ve y gusta a Jesús plenum gratiae et veritatis, lleno de gracia y de verdad.
Palabras del Santo Obispo Manuel González”

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